Yo sé, yo sé que somos amigos, que lo hemos sido por un tiempo ya, que las cosas comenzaron mal, que terminamos compartiendo mucho tiempo, que terminamos confiando el uno en el otro, que no fue tu intención provocar todo esto en mí, que no quieres que yo sienta esto. Tal vez hubiera sido mejor despedirnos para siempre, apenas te lo dije todo. Tal vez no debería habértelo dicho todo; hasta el día de hoy continúo contándote todo lo que siento, todo lo que me haces sentir, y cuando me confundes, cuando dices una cosa y haces otra, cuando te miro, cuando estoy contigo, no sé qué hacer, y no te lo digo.
Sería genial, asombroso, ser tu tipo, poder compartir de una manera especial, poder demostrar todo lo que siento. No lo soy, no intentaré serlo, así llegué, y así me iré si algún día debo hacerlo (espero no tener que).
La confusión ya es parte de mi diario vivir, quiero aclarar todo, pero llegas, te miro, y no puedo. Disminuyo mis capacidades para no poder hacer todo lo que quisiera, para no mirarte tanto, para callar muchas cosas, para no incomodarte. Saber que puedes sentirte así a mi lado es terrible, saber que al juntar ciertas palabras, que al armar ciertas frases, todo puede cambiar, me aterra. Y cambió, “no más webeo”.
No quiero sentirme mal, y lo disfrazo todo con una sonrisa, ¿no te das cuenta? No estoy siendo honesto contigo, menos conmigo, tampoco con el resto. Perdóname.
Perdóname, por todo. Espero, y sé que tú también, que llegue el momento en el que me pueda sentir así por otra persona, pero por ahora esto es lo que tengo para ofrecer. Eres libre de correr si quieres, y te recomiendo hacerlo, aunque me duela.
No quiero seguir sintiendo la humedad de las lágrimas en mi cara, bajando hacia mi cuello, dejando un camino de deseos en su tránsito, finalizando su curso en un charco entre mis clavículas. Supongo que puedes entender cómo me siento, supongo que al menos lo intentas. Supongo (sí, supongo mucho) que sabes que yo no quiero sentirme así, que no me dejo caer siempre, que muchas veces me he tenido que escudar en otras personas, en otras cosas, para poder evitarte en mi mente, y aún así no lo logro todo el tiempo.
Y si ahora pretendes que todo cambie, prefiero correr, correr bien lejos y no mirar atrás, por más difícil que sea, alejarme, perderme, dejarte en paz, no intervenir en tu vida. Y aunque me canse de correr, sabes bien que no me gusta hacerlo, seguiré, no pararé, y cuando esté bien lejos podré gritar, gritar muy fuerte, y que quien sea que ahí esté me escuche, me conozca, sepa cómo me sentí, pero que no sepa que fue por ti, será nuestro secreto.
Miro el reloj, serán las 3 de la mañana, se fue un día ya, un día en el que pensé mucho en ti, y se irá otro igual, y muchos más en los que no saldrás de mi cabeza. Apuesto que durante el día leeré esto y me sentiré patético, pero no importa…
